El País Vasco busca convertir los residuos en recursos

El plan de gestión de basuras aprobado por el Gobierno Vasco quiere evitar que 3,5 millones de toneladas de desperdicios acaben en el vertedero

MARÍA JOSÉ TOMÉ SAN SEBASTIÁN. 8 junio 2015

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Recurso en lugar de residuo; en vez de desechar, aprovechar. Este es el cambio de lenguaje que quiere implantar el Gobierno Vasco con su Plan de Prevención y Gestión de Residuos, un programa que recoge un conjunto de 140 actuaciones con dos propósitos principales de cara a 2020: recuperar de nuevo para el proceso productivo 3,5 millones de toneladas de desechos que ahora acaban en los vertederos y reducir en 500.000 toneladas el conjunto total de basuras que se generan en Euskadi, lo que permitiría crear 1.200 puestos de trabajo en el sector del reciclaje.

Aparte de la prevención y la concienciación, el Ejecutivo autónomo no descarta la mano dura, en línea con la máxima de ‘el que contamina, paga’: El plan recoge la posibilidad en un futuro inmediato de imponer multas a las empresas por el vertido de desechos que puedan aprovecharse e incluso imponer un canon de vertido para aquellos que no se puedan reciclar.

En síntesis, la prioridad de este programa, que adapta al escenario vasco las directrices emanadas de la directiva marco europea sobre residuos, es reducir el volumen global de basura en un 10%, es decir, medio millón de toneladas menos. Aunque a simple vista puede parecer una cifra menor, en contexto representa «un gran reto» ya que la tendencia avanza irremediablemente al alza y conduce al País Vasco a una «situación insostenible».

Josean Galera (Viceconsejero de Medio Ambiente): «El problema de la basura en Gipuzkoa puede solucionarse en esta legislatura»
«Para 2020, en ausencia del plan, generaríamos 6 millones de toneladas y verteríamos 3,5 millones de toneladas al año. En realidad, ese 10% de descenso supondría un 18% real «si se compara con lo que pasaría si seguimos como ahora».

Aunque cuando hablamos de basuras tendemos a pensar en la bolsa que cada noche sacamos de la cocina de nuestras casas, en realidad esta solo representa el 20% del total. A pesar de que la crisis ha frenado el volumen de este tipo de desperdicios, la actividad industrial genera nada menos que el 80% de los 5,5 millones de toneladas de desechos que se contabilizan al año en Euskadi.

El 51% son considerados inocuos (escorias de acerías, lodos, serrín, chatarra…) mientras un 7% son peligrosos (polvo de acería, ácidos de decapado, escorias de aluminio, tierras contaminadas…). Otro 22% está formado por desechos procedentes de la construcción y demolición (no peligrosos).

En cuanto a los residuos urbanos, los contenedores de pueblos y ciudades recogen al año una tonelada larga de basura (el 79% procedente de los domicilios y el resto de los comercios, instituciones…) Este volumen supone un ratio percápita de 492 kilos de basura por habitante al año, superior a la media de la Europa de los 12 (485 kg) y por encima también de países como Reino Unido o Dinamarca. En este capítulo, el objetivo es reducir la bolsa de basura de cada vasco en 49 kilos al año, hasta los 443 kilos en 2020.

«El vertedero no puede ser la opción más ventajosa, como ha ocurrido en los últimos tiempos», concluye el viceconsejero de Medio Ambiente del Gobierno vasco, Josean Galera.

Según el trabajo de campo realizado por el Ejecutivo autónomo para confeccionar el plan, el valor de los materiales que se depositan innecesariamente en las escombreras asciende nada menos que a 47 millones de euros, «lo que equivale al coste de 1.500 empleos medios anuales». Un despilfarro del que todos somos cómplices: se estima que los vascos tiramos un 8% de los alimentos sin ni siquiera cocinarlos.

Nada se desecha

La clave es avanzar hacia un modelo de ‘economía circular’, en el que nada se desecha y todo se aprovecha. El plan recoge como objetivo reintegrar en el proceso productivo 3,5 millones de toneladas de residuos que, de otro modo, acabarían en el vertedero. ¿Pero de qué forma? El viceconsejero pone como ejemplo una experiencia reciente.

«La reparación del puerto de Bermeo tras los temporales de 2013 se realizó con materiales reciclados. El hormigón que se ha colocado procede de áridos procedentes de la construcción y demolición. Se logró un doble objetivo: por un lado, los recursos no se extrajeron del monte y los residuos no fueron al vertedero».

Esa es, en síntesis, la finalidad de un plan que tiene una dotación presupuestaria de 6,5 millones de euros y que implica tanto a las instituciones públicas como a la industria, comercios y a las familias. Además de sopesar la posibilidad de implantar el pago por generación, medida extendida en 16 estados miembros de la UE, el Gobierno Vasco quiere promover un sistema de asesoramiento ambiental a las empresas y conceder subvenciones y ayudas para financiar inversiones a las entidades «comprometidas con el concepto de economía verde». También propone fomentar la compra pública sostenible y responsable de, por ejemplo, productos sin envase, así como suprimir para 2018 las bolsas de plástico no biodegradables que ofrecen los comercios, como marca la UE.

Promover el reciclaje es otra de las patas sobre las que se sustenta el plan: el objetivo para 2020 es incrementar la recogida y separación de residuos al menos un 75%. En el caso de los desechos urbanos, cumplir este propósito significa incrementar en un 17% la tasa de reciclaje en solo cinco años. Una de las claves es la labor pedagógica porque tan importante como aumentar el volumen es separar correctamente los materiales: en 2013, de las más de 70.000 toneladas de envases que se depositaron en el País Vasco, casi el 20% eran impropios, es decir, residuos arrojados incorrectamente al contenedor amarillo.

Las actuaciones de educación y sensibilización son esenciales, también de cara al sector industrial, ya que una de las principales trabas para un correcto aprovechamiento es la mezcla de materiales, «lo que dificulta o impide su recuperación». En este caso, es «indispensable» que las empresas separen todos los residuos que puedan ser valoralizables, especialmente en el caso de los desechos procedentes de la demolición y la construcción, donde es «esencial» para obtener productos de calidad. El plan incluso plantea que los vertederos no admitan residuos mezclados que contengan otros considerados aprovechables.

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