Con cierta frecuencia, las empresas buscan oportunidades con las que contribuir al cuidado del medio ambiente, así como la economía en general. Esto no (siempre) se debe únicamente a las historias positivas que se pueden generar, sino que también puede ser el resultado de haber comprendido que no contribuir supone poner en peligro su propio futuro. Una economía sana es aquella en la que las empresas pueden prosperar, y los recursos del planeta escasean cada vez por lo que son una preocupación para todos los que vivimos él, y aún mucho más para los que convierten estos recursos en beneficios.
Volverse circular y su enfoque de regeneración supone una oportunidad para reducir las emisiones de CO2, ayudar a impulsar la creación de puestos de trabajo a nivel local y para de reutilización de los recursos que de otra manera se desecharían siguiendo el enfoque económico lineal.
Se trata de una política que permite a las empresas contribuir de forma positiva a la economía y al medio ambiente. Obvio, ¿verdad?
Bueno, pues al parecer, no tanto. Un gran número de empresas siguen siendo lentas a la hora de adoptar las buenas prácticas de la Economía Circular y, a decir verdad, resulta sorprendente. Reorganizar la manada cuando se trata de negocios es más fácil de decir que de hacer. Y pasarse a un modelo completamente nuevo resulta, en el mejor de los casos amenazante, y en el peor algo absolutamente aterrador para aquellos que gestionan la economía de la empresa.
Sin embargo, aquellos que están preocupados por un cambio puede fijarse en los beneficios a largo plazo, además de los mencionados anteriormente, también están otros tantos que impactarán positivamente en las empresas y sus clientes, con nuevas fuentes de ingresos en beneficio de los primeros y con una mayor disponibilidad de productos para los segundos, entre otras cosas.
En realidad, la decisión de «volverse circular» podría ser más sencilla.
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