La muestra cruza disciplinas en 300 propuestas; participará en La Noche de los Museos

El Recoleta está al borde de quedar chico: este año tiene unos cien artistas y proyectos más que en 2014. Y los cinco días de exposición parecen pocos para una maratón de selección de obras de tres meses y montajes complejos de casi una semana.
Cada vez hay más interrelación entre la tecnología y la inspiración artística y la combinación de distintas disciplinas, como la escultura, los títeres y la robótica, por ejemplo, para alumbrar creaciones estéticas.
Fase 7, respaldada por la ley de mecenazgo, pone el foco en esta edición en el aspecto sonoro del arte y dedica un homenaje a uno de sus pioneros: Fernando von Reinchenbach, director del Instituto Di Tella (1966-1971) y desarrollador de Catalina, un convertidor gráfico analógico por el que recibió la beca Guggenheim en 1971.
La sala Cronopios alberga ese tributo: las instalaciones de varios referentes como Jorge Macchi, Nicolás Bacal, Juan Sorrentino y Mónica Millán y la documentación de sites specific como Buenos Aires Sonora (que se hizo en Plaza de Mayo en 2003 y 2006), y Tertulia (en el cementerio de la Recoleta, en una madrugada de septiembre de 2005).
Universidades nacionales públicas y privadas confluyen con los desarrollos y prototipos de sus carreras de arte digital. Muchos artistas nacionales y extranjeros aportan sus novedades. Aunque el tiempo de exhibición es escaso, la jornada del sábado se prolonga hasta la madrugada porque integra el circuito de La Noche de los Museos. No hay excusas, la entrada es gratis.

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