Las grandes palabras de la Cumbre del Clima, COP21, amenazan con nublar nuestra parte de aportación individual. En la «economía circular» -estrategia de la UE para una nueva economía- los productos recorren un ciclo y nada se desperdicia del todo; se reutiliza. Convierte residuos en recursos. Usar y tirar es un lujo en la historia de la humanidad.
En el caso español la extracción de materias primas de su pobre naturaleza supone mayor coste que su reciclaje. Crea 10 veces más empleos que si va a vertederos.
España generaba según el Ministerio de Agricultura 160 millones de toneladas de residuos en 2004 y 118 en 2012.
Para Eurostat «valorizamos» el 61% de los residuos frente al 49% de la UE-28; va al vertedero el 37%; en la UE-28, el 45%.
Reciclamos el 73´7% del papel que producimos. Con los 1´2 millones de toneladas de plásticos, latas, briks, papel y cartón reciclados en 2014, evitamos emitir 1´2 millones de toneladas de CO2, y consumir 3 y 24´5 millones de Mwh y m3 de agua respectivamente. Ejemplar colaboración público-privada con 570.000 contenedores de colores repartidos por España.
Pero según el INE solo recogemos el 18% de nuestros residuos sólidos urbanos de forma separada. Más de la mitad de los plásticos no se recuperan; ni 1/3 de los restos industriales, aceites y otros. Hay creados 42.600 empleos, pero hay otros 52.000 potenciales. La capa superficial fértil solo tiene 30 cm en nuestros degradados suelos. Necesitamos incentivos fiscales y más árboles -7.000 millones son pocos en España- que incrementan la humedad ambiente absorbiendo CO2.
Reciclar ahorra dinero, crea tejido industrial y empleo verde no estacional. Tengo bici, planto árboles con mis hijos, reutilizo folios, ropa, separo, y aunque todavía no uso energéticamente los posos de café…, éstos abonan mi jardín. El compromiso puede ser global pero el esfuerzo es personal.
La Razón, 6-12-2015. Tu Economía, p. 2.

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