El impacto ambiental del acuerdo UE-Mercosur

La UE se dispone a firmar el acuerdo con el Mercosur, entre tensiones con EE.UU. y China. Promete oportunidades, pero voces críticas advierten de que el impacto ambiental queda relegado.

La jefa de la Unión EuropeaUrsula von der Leyen, viaja el fin de semana del 17 de enero de 2026  a Paraguay para firmar formalmente el Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, en medio de protestas continuas de miles de agricultores en todo el bloque.

Martin Kuebler

Después de que una mayoría cualificada de los líderes de la UE diera luz verde al acuerdo de libre comercio —fruto de 25 años de negociaciones—, la presidenta de la Comisión Europea afirmó que este «creará más oportunidades de negocio» y «dará a las empresas [europeas] un mejor acceso a materias primas críticas».

Una vez aprobado por el Parlamento Europeo y ratificado tanto por la UE como por el Mercosur, el acuerdo abrirá los mercados de ambos continentes a casi todos los bienes, incluidos automóviles, maquinaria y productos químicos procedentes de Europa. Desde Sudamérica llegarán productos agrícolas y materias primas, entre ellas tierras raras que impulsan la transición energética en forma de baterías y componentes electrónicos.

La Comisión Europea, que negoció el texto, ha señalado anteriormente que el acuerdo «promoverá valores compartidos y desarrollo sostenible», ayudando a combatir el cambio climático y a proteger el planeta. Pero hay analistas medioambientales que advierten de que la realidad es menos alentadora.

«Este acuerdo va básicamente en contra de los compromisos [climáticos] de la UE», dice a DW Audrey Changoe, coordinadora de política comercial de Climate Action Network Europe, quien enumeró preocupaciones como la aceleración de la deforestación, el aumento de las emisiones de carbono, el comercio de pesticidas nocivos y la erosión de la biodiversidad.

Agricultores con sus tractores a las calles de Bruselas.
En las últimas semanas, los agricultores han protestado contra el inminente acuerdo entre la UE y Mercosur en las calles de Bruselas, París y otras capitales de la UE.Imagen: Emile Windal/BELGA MAG/AFP/Getty Images

Un acuerdo de «vacas por coches»

El acuerdo UE-Mercosur pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo entre la Unión Europea y Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay y, eventualmente, Bolivia, una vez que este último armonice sus normas con el bloque sudamericano.

Pero Changoe alerta de que un aumento del comercio de productos agrícolas vinculados a la deforestación en Sudamérica —especialmente carne de vacuno, aves, azúcar y soja— no haría sino degradar aún más los bosques del continente.

La UE debilita sus normas verdes en casa

El acuerdo UE-Mercosur llega en un momento en que la UE ha ido diluyendo políticas clave de su emblemático Pacto Verde, presentado en 2019 durante una ola de apoyo a la transición ecológica.

Bajo la presión de la derecha y de la industria, la UE ha debilitado o aplazado regulaciones medioambientales con el objetivo de simplificar la política climática y reducir la burocracia para las empresas.

Patrizia Heidegger, secretaria general adjunta del Buró Europeo de Medio Ambiente, la mayor red europea de organizaciones ciudadanas ecologistas, señala que, si bien la UE ha utilizado con éxito el peso de su enorme mercado para fijar estándares globales de sostenibilidad, la poderosa influencia del acuerdo UE-Mercosur podría debilitar aún más esas regulaciones, a medida que las empresas europeas intenten seguir siendo competitivas frente a las sudamericanas.

«En este momento, el clima político está marcado por una narrativa muy fuerte contra la regulación», afirma, subrayando la «erosión de los estándares y salvaguardias medioambientales» en ámbitos como la fijación del precio del carbono, los objetivos de emisiones, la deforestación y la eliminación progresiva de los vehículos de combustión.

«Y si concluimos acuerdos comerciales que expongan a nuestros productores a competidores que no tienen que cumplir las mismas normas, nuestros productores, nuestros agricultores, seguirán presionando para rebajar los estándares».

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¿Impulso a la bioeconomía?

Algunos analistas han señalado que la influencia de las medidas de sostenibilidad de la UE podría tener un efecto positivo en Sudamérica, y que el acuerdo comercial podría apoyar el desarrollo de economías circulares en sectores como la silvicultura, la minería y la agricultura regenerativa. Argentina y Uruguay, por ejemplo, han desarrollado estrategias de bioeconomía en respuesta al impulso europeo en materia de sostenibilidad.

El capítulo sobre Comercio y Desarrollo Sostenible del acuerdo incluye una breve referencia al objetivo de que tanto la UE como los Estados del Mercosur «trabajen juntos en los aspectos comerciales del […] consumo sostenible y la […] economía circular”.

Aunque el aumento de la cooperación comercial transatlántica podría inspirar cambios positivos en Europa y Sudamérica, Heidegger subraya que ello no debería impedir que ambas partes sigan desarrollando políticas de sostenibilidad a nivel interno.

«Independientemente de los estándares medioambientales que se apliquen a la producción, el hecho de que estos productos se transporten a medio planeta ya los hace muy poco sostenibles», afirma. «No digo que no debamos importar nada, pero el foco debería estar en garantizar que nuestra propia producción alimentaria sea sostenible, saludable y asequible […], en lugar de aumentar nuestras dependencias y seguir dependiendo, en última instancia, de recursos que explotamos en otros lugares».

(gg/ms)

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